2015 fue para mí el año del descubrimiento de esta liga tan sorprendente para el que está acostumbrado a los partidos de la Liga (española), de la Premier, o de cualquier torneo más común para el aficionado al fútbol. Fue su purismo lo que me enamoró. Los encuentros de la MLS recuerdan al fútbol más puro, al más irracional, al que se creó para ir a ganar al rival de la manera más directa. Lejos de tácticas defensivas, de manejos de la situaciones o de especular, los equipos americanos se lanzan a por el contrario sin miramiento alguno, mostrando al espectador un espectáculo en toda regla. Sin miedos. Esto fue lo que realmente me llamó la atención y consiguió que permaneciera delante de la televisión sin pestañear ante un New York City - Toronto FC que terminó 4-4, con dos goles de Villa y tres de Giovinco (ambos fallaron una pena máxima).
Aquel 12 de julio quedé prendado de un fútbol maravilloso e intenso que guarda la esencia más tradicional de este deporte, aquella en la que la valentía de intentar ganar los partidos era la virtud de los enfrentados. Anoche volvió. Y, como no podía ser de otro modo, lo hizo con un Chicago Fire 3-4 New York City, aunque esta vez no marcó Villa. También se disputó en la primera jornada el choque de la final de la temporada pasada entre Portland Timbers y Columbus Crew, que en ambas ocasiones se llevó el equipo de la madera. Otro día hablaré de uno de sus mejores jugadores, Darlington Nagbe. Sigamos disfrutando de este fútbol virgen hasta que algunos intenten transformarlo en lo que es hoy en día el europeo, el de élite.

No hay comentarios:
Publicar un comentario