martes, 3 de mayo de 2016

Otro David que repite gesta

Los héroes de la gesta celebra un gol durante la temporada.
Lo que todo el mundo veía, pero nadie creía, acabó siendo una realidad tan patente como que estoy escribiendo este texto. El increíble Leicester City salió campeón de la Premier faltando dos jornadas para finalizar el campeonato. Y lo consiguió tras un partido en el que él no era protagonista directo. Cumplió en Old Trafford con un empate merecido y esperó el fallo del Tottenham para celebrar lo que, con total seguridad, será el hito más importante de sus vidas. De todos. De sus jugadores, de su entrenador y de todos los que han sido partícipes de este logro. Una realidad que extraña y sorprende a todos. A ellos, los primeros. Que sufrieron y sudaron sangre para salvar al equipo la temporada pasada y que, tras el escándalo de la orgía de este verano en Tailandia donde cayó el entrenador que consiguió el milagro (empezada ya la pretemporada), jamás podrían haber pensado más allá de conseguir como fuera la ansiada permanencia de nuevo, objetivo básico para la estabilidad del club en la máxima categoría del balompié inglés.

Pero el fútbol es así. A veces nadie lo entiende. Otras, sin embargo, parece muy sencillo. Ni el más optimista de los fans del Leicester pudo pensar en este final. Ni siquiera los que pusieron dinero por la conquista del título en las casas de apuestas. Ni siquiera ellos. En el fútbol no gana siempre el poderoso. La historia está llena de rebeldes que asaltan campeonatos desde el trabajo y la sorpresa. En muchas guerras, la estrategia más preciada es la sorpresa. Atacar por donde nadie se espera, o que ataque el que jamás pensarían que puede atacar. Este es el Leicester 2015/2016. La revelación. O la sorpresa. Las historias están para escribirlas, y este equipo ha escrito la suya cuando nadie daba un duro por ellos ni siendo líderes a falta de pocas jornadas. Con un estilo de juego defensivo y una velocidad trepidante en el ataque han conseguido mantenerse arriba. Durante toda la temporada el pensamiento de la gran mayoría de los aficionados a este deporte era que en algún momento el equipo de Ranieri se caería, le flaquearían las piernas o simplemente le podría la presión. Pero no. Al final, salió campeón.

Y salió campeón con un mensaje de optimismo para el fútbol, que falta hacía. En estos tiempos que corren donde el dinero lo maneja todo y donde las ilusiones se compran, se antoja casi necesaria una proeza de tal dimensión. Es cierto que el Leicester tiene dinero, y que es imposible compararlo a un club de cualquier otra liga europea, pero eso no le resta ningún tipo de mérito. Ha ganado un campeonato donde viven varios de los clubes más ricos del mundo, capaces de gastar una cantidad desorbitada de euros. Y por eso es una heroicidad. Una gesta en la que muchos nos hemos involucrado por su emocionante proceso, sin haber visto cuatro partidos del Leicester de manera continuada anteriormente. Pero que nos ha llevado a mirar cada fin de semana cuándo y a qué hora jugaban los 'foxes'. Aunque su fútbol no nos gustara. Daba igual. Porque las hazañas nos apasionan desde que somos pequeños. Y David ha vuelto a vencer a Goliat.

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