martes, 10 de mayo de 2016

Una chistera menos

Valerón despidiéndose de la afición de Las Palmas.

A esto del fútbol, desde el principio de los tiempos, se juega con una pelota. Habitualmente, para llegar a la élite hay que saber dominarla, poseerla, acariciarla e incluso bailar con ella pegada a tu bota. Pero lo cierto es que pocos son los que consiguen todo ello. Este fin de semana nos hemos quedado sin uno de los 'elegidos'. Un genio con y sin el balón en los pies que ha enamorado con su fútbol y su personalidad a todos los aficionados al fútbol de este país y... ¡qué digo! de todo el mundo. Estoy seguro que más allá de España también se le tiene cariño y estima a este tío. Un fenómeno. Un señor que volvió a su casa dieciséis años después para despedirse como lo que es y como lo que ha representado toda su carrera, un verdadero ídolo. Se retira Juan Carlos Valerón. 

Las Palmas, Mallorca, Atlético de Madrid, Deportivo de la Coruña y Las Palmas. 21 años de fútbol. Una trayectoria que alguien podría calificar como no demasiado exitosa, con pocos títulos importantes (una Copa del Rey y dos Supercopas), pero Valerón es mucho más que eso. No nos hace falta que haya dejado trofeos o premios en su vitrina para retenerlo en nuestra memoria. Sus actuaciones sobre el verde ya nos sobran para ello. 'El Flaco' significa fútbol, y verlo jugar durante tantos años ha merecido la pena para todos. Andrés Iniesta llegó a decir que pagaría una entrada para verlo jugar. ¿Y quién no? La pena ha sido que no hemos podido disfrutarlo en la mejor selección de la historia del balompié español. Los años nos han privado de verlo junto a Iniesta, Silva, Xavi y alguno más en un equipo en el que el de Arguineguín merecía haber estado. Dos Eurocopas y un Mundial es su bagaje con el combinado nacional, pero en los tiempos donde no se pasaba de cuartos de final. Una injusticia futbolística.

Pero Valerón es mucho más que todo eso. Valerón es un control exquisito, un regate elegante y un pase preciso. Valerón es aprobación, es bondad dentro y fuera del terreno de juego y es superación. Ni siquiera cuando las garras de las lesiones intentaron hacerle heridas cayó ni cambió un ápice su personalidad ni su fútbol. Porque Valerón es así. Por eso cuando un compañero de profesión le partió el peroné en el mejor momento de su carrera calificó la acción como "cosas del fútbol". Aunque recayera dos veces más adelante. Se levantó para volver a tratar al balón como se merece. Porque Valerón permaneció en el Depor cuando este bajó a Segunda división, y con su fútbol lo devolvió a Primera. Porque no le importó que el equipo de sus amores y de sus inicios estuviera en Segunda para regresar allí y retirarse en paz y tranquilidad. Pero el fútbol no podía permitir que tan extraordinario futbolista acabara su trayectoria en la división de plata, y claro, Las Palmas ascendió a Primera. Su última temporada sería en la élite, como él merecía. Despidiéndose como los grandes, saliendo aplaudido de todos los campos. A sus 40 años, el mago dice adiós, y nosotros nos quedamos con una chistera menos.

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